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Cuento de Navidad
Quien dice cien, dice mil. O cuarenta. En fin, una eternidad. La tierra está aplastada de negrura. No llueve, andan lejos las tempestades: el aire esta parado, denso de frío, y parece estallar como una red tenue de cristales suspendidos. Hay una casa, y luz dentro de ella. Y gente: la Familia. En la chimenea arden troncos de leña en fuego blando que de repente se encrespa cuando se juntan unas ramas secas. Crece la llamarada entonces, se divide, sube por la chimenea tiznada, ilumina los rostros de la Familia y vuelve a quebrarse de inmediato. Se oye mejor el hervor de las cazuelas, la fritanga de aceite donde flotan las formas antiguas de los buñuelos, entre el humo espeso, grasiento, que va a entrañarse en las vigas del tejado y en las ropas húmedas. Son quizás las once, y la mesa está puesta, el momento es de paz y conciliación –y la familia anda por casa, confusamente atareada, como un hormiguero.
Pronto saldrán todos hacía el patio trasero. Ahora va a ser lanzado el cohete que anuncia a los vecinos que ya el último buñuelo ha salido chorreando de la sartén y fue a caer al lebrillo hondo en el que este producto de la dulcería casera aguarda el refinamiento último de la canela y del azúcar. Por las puertas abiertas, el Niño ve a la Familia sonriendo, formando y deshaciendo grupos alrededor del Abuelo, que sopla un tizón y lo acerca al pedazo de caña relleno de pólvora. Había pedido que le dejasen ayudar, pero no lo consienten: hay que andar con cuidado con los niños.
La pólvora se inflama bruscamente, lanza un chorro de chispas, silba –y el cohete se dispara hacia el aire helado, lo corta como una espada de fuego, y allá muy alto restalla, sonoro, entre los ecos de otro cohete distante. La varilla desciende con una luz desmayada, mortecina, y va a caer lejos, en los olivares, sobre los hierbajos helados. No hay peligro de incendio. De pronto, la Familia siente frío y vuelve a casa, llevando en brazos, entre los anillos, entre los tentáculos, al Niño que no había podido ayudar a tirar el cohete. El interior de la casina está más frío. La Abuela lanza una brazada de virutas, y el fuego vacila, elige el lado más accesible de la leña y, mansamente, reanuda su trabajo de destrucción.
La Familia da vueltas en torno a la mesa, con muchos rostros rojos y sonrientes que tienen nombres pero que son, sobre todo, para el Niño, los Padres, los Abuelos, Los Tíos, los Primos –un cuerpo de animal complicado que le recuerda la historia de la Serpiente-de-Siete-Cabezas o el Dragón-que-No-Duerme. Sobre la mesa hay, en este momento, una batalla de dientes, de dentelladas que deforman los rostros. Se cuentan casos, chistes, todos ríen. El frío está allá fuera, y la helada, y la noche impenetrable. El Niño se anima, ha olvidado ya la decepción, quizá dentro de un año le dejen lanzar el cohete solo. Tiene también una historia que contar, y va a contarla. Sólo está a la espera de una pausa, de un momento que se callen todos, para ajustar su vocecilla trémula, porque la historia es importante, mucho más de lo que la Familia podría creer. Entonces, el momento se aproxima, el Niño se prepara, es ahora –empieza a hablar. La Familia mira asombrada, pone toda la atención que puede, pero esta atención no dura mucho, no puede durar, y alguien corta el relato con una frase que los hace reír a todos. Una frase que hará llorar al Niño.
Porque el Niño se levanta de la mesa, abre la puerta, se separa de la Familia y baja los tres peldaños que llevan al mundo. Allí delante hay un muro encantado, bajo, como un mirador que diera a tierras desconocidas. El Niño se inclina sobre el muro, deja caer la cabeza sobre los brazos cruzados, y siente que se deshace dentro de él un nudo de lágrimas. De la casa llegan risas y voces, alguien habla en voz alta, y luego resuenan carcajadas. Hace mucho frío.
El cielo es alto y profundo. Visto desde allí, parece hecho de terciopelo negro, como si fuese posible llegarle con la mano. Y las estrellas. Duras, nítidas, implacables, casi feroces. Vistas a través de las lágrimas, son diferentes. Qué mundo extraño, este. Bajo los pasos del Niño, el suelo estalla. Y, en frente, los árboles negros, vagamente terroríficos, adoptan el aire confidencial de quien conoce los secretos todos.
José Saramago (1922- //)
De este mundo y del otro: Una navidad hace cien años.
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Georges Diéterle Masure à Saint-Léonard (1878) Olio
La cierva
Un lobo caza
La cierva distraida
Drama del bosque
El hombre mira
Los dramas ajenos
De su soledad
La golondrina
Escribe en el cielo
Su canto de paz
bca
Le cerf blanc
Au dessus des vieux volcans Glissant des ailes sous les tapis du vent Voyage Voyage Eternellement De nuages en marecages De vent d'Espagne en pluie d'equateur Voyage voyage Vol dans les hauteurs Au d'ssus des capitales Des idees fatales Regarde l'ocean...
J.M Rivat y D.Dubois
Voyage-Voyage
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Recuerdos astrales
Mirar el cielo
Escuchando las estrellas
Nos dicen palabras de silencio
Que oímos con los ojos vencidos
De nuestros párpados cerrados Lentamente se borran las cosas
Que antes nos concernían
Y se abre
Como una sensación-vértigo
De estar al borde del precipicio
Al filo de lo indecible
La noche cósmica se colma
De recuerdos arcaicos
Extrañas premoniciones
De aquello que fuimos
Y que no recordamos
Un viaje perpetuo
Siempre recomenzado
Percepciones que bailotean En una cinta de seda Que tenazmente ondula En el viento sideral
bca
Jupiter Foto tomada desde Voyager 1
¿Cómo conocer si no se explora?...
La humanidad es responsable de su propio destino...
Todos somos nuestros propios creadores...
Shirley MacLaine (1934 - //)
Del libro "Bailando en la luz"
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Bailando en la luz
De niño creía que los sueños de la infancia
Nunca tendrían el suficiente espacio
Para que los tempos del silencio
Llenasen por entero las palmas de mis manos
Ahora de mis dedos la arena de las dunas
Se escapa suavemente en su lento pasar
Pero cuando algunos días consigo Mezclar con esa arena los rayos de la luna
Bailo en la luz que atraviesa mi alma
Y como en mil trozos de diminutos espejos
Percibo en mi cara pálida el reflejo del firmamento
Mi alma al universo atenta por entero
La mirada se llena entonces de la luz del infinito
Y saciarme no puedo bebiendo boquiabierta
La vía láctea entera y todas sus estrellas.
En mi infancia creía que un sueño-meteoro
Quemaría el horizonte y se haría humano
De él ya sólo queda este tesoro inmenso
Que guardo entre mis manos y que hoy te regalo.
bca
Vivian Bondy Red Dancer Acrilic
La nuit d'hiver étend son aile diaphane Sur l'immobilité morne de la savane Qui regarde monter, dans le recueillement, La lune, à l'horizon, comme un saint-sacrement. L'azur du ciel est vif, et chaque étoile blonde
Brille à travers les fûts de la forêt profonde.
William Chapman (1850-1917)
L'aurore boréale
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Ofrenda al mar
Fue en el silencio
De una noche de invierno fria
Cuando con mi mano extendida
Del firmamento eterno
Sin quererlo una estrella cogí.
Una estrella de oro y plata
Dormía en mi mano desnuda
Brillante y lejana a la vez
Pero el tiempo en que la tuve
Es un tiempo que no callaré
De qué lugar del universo
De qué reverso, de qué pasado
Me llegaba el rayo de luz
Que mi piel apenas tocaba Recibía como una descarga de caricias
Que nunca más olvidaré.
Mis manos alzadas como un cáliz
Una noche que estaba solo
Una estrella dorada cogí.
De un majestuoso cielo nocturno
Cogí sin darme cuenta
Una estrella de oro y plata
La noche era cerrada y negra
Cuando a la mar la devolví.
bca
Galaxia
En cuanto el adulto mata el mito de la Navidad, se olvida del milagro de compartir la verdadera ilusión que existe en el corazón del niño.
Michel Bouthot
Chemins parsemés d’immortelles pensées
(Caminos sembrados de inmortales pensamientos)
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Navidad en el corazón de los hombres
A partir del siglo XVIII, los cuentos de navidad cuentan menos el nacimiento del niño Jesús o los milagros de esa noche mágica. Empiezan a evocar aquello que la Navidad trae, como la bondad y las maravillas del corazón humano. El cuento se extiende en el siglo XIX hasta el punto de ser considerado un genero literario hasta aproximadamente el periodo que se cierra con las dos guerras mundiales europeas. Cada año, los diarios así como las revistas (para adultos como para niños)publicaban “sus cuentos de Navidad”. Muchas veces pedían a un periodista de renombre o a un escritor celebre que escribieran su cuento. Se descubre de esa manera como un hombre duro puede reencontrarse con la ternura de su infancia (La canción de Navidad o La extraña Navidad del Sr. Scrooge, de Dickens)), como nada se pierde en ese día de esperanza (Les deux sapins de l’église Sainte-Aurélie, de Jean Vanot, como la pobreza se esfuma ante la caridad (cuentos clásicos: Cuando un mendigo se transforma en Papa Noel, Las zapatillas...). Hasta un cuento “duro” como la Vendedora de cerillas (La cerillera), de Andersen, salva la negrura del mundo con la luz venida del más allá.
Evoquemos también el recuerdo de Charles Dickens: escribió cuentos de Navidad tan bellos que un industrial inglés, conmovido por su lectura, decidió dar todos los años un día de vacaciones a sus empleados con ocasión de la Navidad. Nos puede parecer poca cosa hoy en día, pero era la noche de Navidad: noche de lo maravilloso, de las luces como símbolos de esperanza y de los cuentos narrados en la vigilia. Con el pasar de los años, los hombres que los contaron, los hicieron evolucionar yendo progresivamente de Dios al hombre.
bca
La extraña Navidad del Sr. Srooge (Canción de Navidad), con Albert Finney
Pintor
La noche cae
Alas de mariposa
Recogimiento
Ocaso rojo
Las armonías del gesto
Mil veces hecho
La luz del pintor
Con el cuidado del niño
Pinta su tela
bca
Estampa japonesa Armonía
Navidad no es un día, ni una estación del año, es un estado de espíritu
Calvin Coolidge (1872-1933)
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De la primera navidad a las navidades milagrosas
Después, progresivamente, los cuentos de Navidad relataron lo maravilloso en lo cotidiano: se contaron los milagros que pasaban en la noche de navidad, los tesoros que se descubrían en muchos sitios, en el momentos del ofertorio de la misa del gallo; el don de palabra con el que se veían favorecidos los asnos y los bueyes durante esa noche y que, sobre todo no había que sorprender (atraía la mala suerte); los muertos que por unas horas volvían del reino de los infiernos, para reconfortase en la mesa de los familiares vivos.
En algunas regiones de Francia aún persiste la tradición de dejar, antes de salir para la misa del gallo, para los del otro mundo, un poco de pan y mantequilla en la mesa de navidad (un poco a la manera española de dejar comida para los camellos, en la noche de Reyes).
continuará...

Quien no tenga la Navidad en el corazón no la encontrará nunca a los pies de un árbol.
Roy Lemon Smith (1887-1954)
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Breve historia de los cuentos de Navidad
La noche de Navidad es la noche de lo maravilloso, de las predicciones, de las luces como símbolo de esperanza y de los cuentos narrados en las largas vigilias del invierno. A lo largo de los siglos, los hombres han contado cuentos, los cuentos han evolucionado pasando progresivamente de Dios al hombre. En las próximas entradas me propongo hacer un pequeño resumen de esa evolución.
Los primeros cuentos de Navidad
Los primeros cuentos de Navidad fueron propagados por los trovadores de la Edad Media. Los viejos los narraban después la vigilia de navidad, principalmente antes de la misa del gallo. Esos cuentos medievales, muy unidos a la historia santa y a la natividad, se inspiraban la mayor parte de las veces en los Evangelios apócrifos. ¿Qué contaban esas leyendas? Historias de animales de gran corazón y relatos espantosos sobre los deseos de sangre del rey Herodes...
Se describía cómo el ruiseñor pudo mecer y dormir al niño Jesús en su cuna gracias a su canto tan dulce como el de la virgen María; cómo le pitirrojo se quemó el buche batiendo sus alas para impedir que el fuego se apagase; cómo una araña tejió su tela muy deprisa en la entrada de la gruta donde se había refugiado la Santa Familia para que los soldados del rey Herodes no tuviesen ganas de entrar en ella; cómo el trigo que se acababa de sembrar germinó y maduró en un solo día para que el campesino pudiese responder a los soldados, sin mentir, que no había visto pasar ningún niño desde la siembra del trigo...
continuará...
El cielo y la tierra son eternos. Son eternos porque no existen para ellos. Del mismo modo, una persona santa no vive para ella, y por lo tanto, puede llegar a ser eterna, puede lograr lo que desee.
Lao-Tsé o Loazi o Lao-Tsu o Lao-Tsi (significa anciano o viejo Maestro)
(570 a 490 a.C.)
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¿Qué puede perfeccionar la sociedad y por extensión al ser humano? Leyendo a los grandes maestros (cualquiera que sea su orientación filosófica y religiosa), uno puede ver un hilo que hilvana sus grandes discursos: sólo la abnegación nos puede perfeccionar. En una sociedad en la que hemos dejado casi todos los temas para que otros nos los solucionen (ONGs, gobiernos, sistemas educativos, profesionales, clubes deportivos, calendarios de ocio, etc.), ¿uno podría preguntarse qué hacemos en nuestra vida personal y social? Si queremos perfeccionar nuestra alma (personalidad, ser interior o como queramos llamarlo) ¿estamos dispuestos a sacrificarnos? A sacrificarnos con todo lo que significa de esfuerzo, constancia, abnegación, altruismo, generosidad, disponibilidad e ímpetu?
¿No es verdad que el perfeccionamiento del hombre puede medirse por el nivel de su libertad interior? Cuanto más se libera una persona de su personalidad (o ego) más libertad posee.
bca
Lao-Tsé
Notre Père qui êtes aux cieux, restez-y!
Et nous nous resterons sur la Terre
qui est quelquefois si jolie
(Padre Nuestro que estáis en el cielo, ¡quédese en el!
Y nosotros nos quedaremos en la Tierra
que es, a veces, tan bella)
Jacques Prévert (1900- 1977)
Paroles
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Viajando en la luz
... Tinieblas, colores, luces y sombras
Una sombra que se amplía
En el espejo de la lente
Del observador celeste
Una sombra azul
En su algodón joyero
De nubes suaves
Grises y blancas
Esparcidas al viento.
Una sombra...
¡Tierra!¡Tierra!
Gritaba el marinero
Ebrio de mar
Ansiado de tierra
Un color...
¡Tierra!¡Tierra!
Recuerda el humano
Embriagado de luz
Azul la sombra
Blancas, las blancas nubes
Marino profundo el mar.
Una luz...
¡Tierra!¡Tierra!
Ocre el surco que se abre en la tierra
Roja la sangre
De las arterias.
Una sombra
Como un recuerdo
Siempre por llegar
Viajando en un rayo
De luz
Colores, luces, sombras y tinieblas...
¡Tierra!¡Tierra! ¡mi Tierra!
Tan bella...
bca
La Tierra Foto de la Agencia espacial de Canada
Noche en blanco y negro
A medida que las palabras negras
Caían sobre la virginidad de la hoja blanca
Detrás del poeta
La sombra se ampliaba en la pared
Complicidad de la pluma sedienta
Del corazón del tintero,
Del corazón que descargaba sus escritos-dolores
Del corazón que latía por amores prescritos.
Ante el alma
Sobre la mesa de roble usada
En el agua del vaso azul
En los destellos de la lámpara
Se esbozaban
Los ojos
Las flores
La sueños...
Y las gotas de lluvia
En la ventana de enfrente
Se le antojaban como otras tantas
Lágrimas que no había llorado.
bca
Vicent Van Gogh La nuit étoilée, le Rhône Arles
Il pleure dans mom coeur
comme il pleut sur la ville
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur?
Paul Verlaine 1844-1896
Romance sans paroles
Llueve
Los recuerdos
Lloran las horas vacías
Fuera llueve
Tic-tac del reloj
En una casa en paz
Olor de rosa
Pelo canoso
Nieve en el balcón
El tiempo pasa
bca
Magis Variations abstraites
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